En ocasiones escucho a muchos padres comentar que a sus hijos no les gusta bañarse en la piscina, que lloran y patalean y no saben bien qué hacer. Entiendo que ver a tus hijos disfrutar en la piscina y nosotros con ellos, es muy divertido.

Puede ser por distintas causas: no se sienten seguros en el agua, les hemos metido mucha presión con el tema de bañarse, vergüenza a llevar manguitos o miedo a no llevarlos,…

«Lo importante es respetar su proceso y todo irá poco a poco»

¿Qué podemos hacer?

  • Mostrar empatía. «Entiendo que no te apetezca meterte, nos vamos a quedar aquí al lado hasta que te sientas preparado», «Entiendo que ahora no es el momento, podemos jugar a otra cosa en la sombra y si tenemos calor y te apetece podemos intentarlo», «Tranquila, no hace falta que te metas podemos jugar a otra cosa».
  • Ejemplo. Si nosotros nos metemos y ven como disfrutamos en el agua, sus ganas de intentarlo aumentarán.
  • Ofrecerle siempre nuestro apoyo, estar a su lado, si vemos que es por miedo, es muy importante. No gastar bromas, ni jugar a juegos de «ahogarse».
  • Esperar. Cada niña y cada niño siguen ritmos diferentes, que ellos decidan cuando están preparados.
  • Darle herramientas. Podemos preguntarle si necesita algo o le gustaría bañarse con algo, desde manguitos, gafas o algún juguete que pueda darle motivación, seguridad o ilusión.

Es importante:

  • No menospreciar. Cada niño sigue un ritmo, podemos animar pero nunca herir para conseguir que se meta.
  • No decir «cosas que no son verdad» para que se meta como: «en el agua nunca pasa nada». Luego, se puede volver en nuestra contra. El miedo es una emoción necesaria.

Tranqui, todo pasa. Y todo irá bien, se meterá a la piscina, nadará con o sin ayuda y será como un pato en el agua. Lo importante es respetar su proceso y todo irá poco a poco.