Cuando conocemos a alguien está socialmente aceptado dar la mano, dos besos o un abrazo, dependiendo del lugar del mundo en el que te encuentres. Sin embargo, esto, nuestros niños todavía no lo conocen y en ocasiones se sienten forzados a aprenderlo de golpe.

Con esto me viene a la cabeza la siguiente escena:
Paseando por el pueblo nieta y abuela

Abuela: «Mira Manoli, mi nieta» «Anda Pepita dale dos besos».

Pepita: «Yaya no hagas eso, no quiero darle un beso»

Abuela: «No seas maleducada, dale dos besos ahora mismo»

La nieta le da dos besos, Manoli la abraza como si fuera su nieta, la achucha, le vuelve a dar besos, le dice lo guapa que está y cuanto ha crecido desde que la vio hace 5 años…Pepita tiene 6 años ahora. Abuela feliz, nieta asustada.

¿Cómo crees que se siente la nieta?

Hay niños que son reservados, que no entienden, que no saben y no quieren dar un beso a alguien que simplemente es un desconocido. Para los niños un beso es un gesto de amor, lo ven en casa o en el colegio, pero no con gente que no conocen.

Podemos generar malestar, nervios innecesarios e incluso ansiedad. Confundimos a los niños, ¿A quién deben dar amor?. No podemos presionar a un niño para que socialice como nosotros queremos, él debe aprender a socializar observando. Él elegirá su método y su forma de hacerlo. Podemos ser su guía siempre dejándolo libre.

La mejor forma es acompañarlo en el proceso, que sea libre para elegir la forma de hacerlo.

 

Un abrazo,

María