Hola, ¿Qué tal va el fin de semana?

No sabía si escribir sobre este tema ya que hay millones y millones de artículos en los que se habla de las rabietas y cómo gestionarlas. En esta entrada voy a escribir los pasos que sigo yo.

Para empezar, ¿qué es una rabieta? Es una conducta generada por la aparición de la frustración, esta aparece ante la incapacidad de saber expresar sus emociones o de no poder realizar una acción deseada. Varía de intensidad dependiendo del contexto y de la personalidad del niño.

¿Qué podemos hacer?

  1. Buscar alternativas de anticipación. Conocemos a nuestro hijo, podemos cambiar algunas cosas del día a día. No estamos en guerra con nuestro hijo, nos estamos conociendo y todos podemos mostrar nuestra opinión. Por ejemplo: si cuando volvemos del colegio pasamos a comprar el pan dentro de una tienda de pastelitos y es aquí cuando aparece la rabieta porque quiere comer pastelitos todos los días, podemos comprar el pan antes de ir a buscar al niño o cambiar de panadería.
  2. Mantener la calma y hablar con él, a su altura. Si estamos en casa podemos pedirle que respire poquito a poco, que observe que así no podemos entendernos, esperar un rato y ya poder expresarnos (esto lleva tiempo, la primera vez el niño no va a aprender a respirar). Si no estamos en casa podemos quedarnos a su lado, con paciencia, respetando su tiempo, si nos tenemos que ir, se lo explicaremos tranquilamente.
  3. Con cariño. Súper importante. Reforzar con frases: «Entiendo que te sientas así, pero es momento de irnos a casa empieza a hacer frío en el parque», «Es normal que te apetezca ir a casa de tu amigo pero hoy viene la abuela a casa, otro día quizá podamos ir» «¿Te puedo ayudar en algo?». Si lo necesita podemos darle un abrazo.
  4. ¿Ceder o no ceder?. Repito lo que he dicho antes, no estamos en guerra. Hay ocasiones que podemos permitir que se ponga la ropa que quiera, si le tocaba plátano que coma manzana,…etc.
  5. Límites. Damos amor, mostramos nuestra comprensión pero siempre teniendo los límites claros. Por ejemplo: si nosotros creemos que hace frío para seguir en el parque o es ya de noche, nos tendremos que ir.
  6. No emplear amenazas ni chantajes. «Si no vienes aquí, te quedas sin cena», «Si no te portas bien, no vendremos más al parque». No son necesarias estas frases, faltamos a nuestra palabra el 90% de las veces, esto hace que no nos tomen en serio y generen en ellos una tensión y ansiedad innecesaria. Cambiarlo por frases positivas nos ayuda a nosotros y a ellos. «Entiendo que quieras quedarte, ¿lo estabas pasando bien, verdad?. Tenemos que irnos porque hay que hacer la cena, ¿te apetece cocinar conmigo?. Podríamos hacer un concurso de cocina, ¿qué te parece?»
  7. Calma. Cuando se produce este momento y ya ha pasado la rabieta, podemos aprovechar para preguntarle cómo se siente y si podemos hacer algo para que se sienta mejor. Podemos contarle nuestro punto de vista y cómo nos hemos sentido.

 

La disciplina positiva no se aprende por arte de magia, necesita una práctica diaria. Es difícil que nuestros hijos desde el primer día comiencen a hacer respiraciones, sin embargo si nosotros cada vez que se pone nervioso nos sentamos con él a respirar él irá adquiriendo este hábito. Es una herramienta que podrá usar a lo largo de toda su vida. Además podemos imprimirle imágenes, para mostrarle cómo hacerlo.

No somos perfectos, estamos en continuo aprendizaje. Por esto, hay que quitarle peso a las rabietas, son conductas mal gestionadas y tenemos la oportunidad de darles unas herramientas para solucionarlas. No vale con que pasen los 4 años y ya, ¡se acabó!, quiero que aprendan a observarse, a observar su entorno y poder comprender el por qué de las situaciones y de lo que sienten.

Un abrazo gigante,

María